martes, 10 de junio de 2014

La ortografía, cuestión de recordación

“Hijo de tigre sale pintado”


Por Guillermo Mantagut, Director Académico de Tareas



Quienes escriben en español, sin importar si son bachilleres, profesionales, maestros o doctores, pueden presentar una ortografía perfecta en sus textos. Sólo necesitan un poco de compromiso para mejorar sus hábitos, aplicar una metodología al escribir y aprovechar la tecnología.


La buena ortografía no se hereda, no es un regalo de Dios ni un artículo que se pueda comprar en cualquier almacén. La ortografía es escribir las palabras con las letras correctas, tal cual como fueron aprobadas por la Real Real Academia Española o como acostumbra a usarlas un determinado grupo social o cultural. La buena ortografía es escribir CARRO y no KARRO.


El secreto para tener buena ortografía proviene de la capacidad para recordar las letras que conforman las palabras. Así lo demostraron en esta misma página los “ingeniosos maestros del idioma”, a quienes les ha dado mejor resultado mostrar a sus alumnos las palabras en grandes carteles y no llenarlos de una serie de normas que difícilmente aplicarán por sus numerosas excepciones.


El Taller de Redactores Asociados (TaReAs) también lo demostró en la Feria del Libro, en donde hizo varias pruebas de ortografía a los profesionales colombianos. En 1995, TaReAs entregó al azar un texto de tres páginas a sesenta profesionales, luego lo recogió y les dictó diez palabras de ese mismo texto y de dudosa ortografía. Como resultado, el noventa por ciento de ellos recordó las palabras y las escribió correctamente. Esta misma prueba la hizo a otro grupo de sesenta profesionales, a quienes no les dejó leer el texto de donde habían sacado las palabras. Solo un 37 por ciento de este segundo grupo escribió correctamente las palabras. La razón era muy sencilla: los primeros profesionales habían visto las palabras diez minutos antes y las tenían disponibles en la memoria. El segundo grupo no las recordó de igual forma, tal vez, porque hace mucho tiempo no las veía.


Hay tres aspectos fundamentales para tener buena ortografía: mejorar algunos hábitos, revisar los textos y utilizar las nuevas ayudas ofrecidas por la tecnología.


Debe existir un hábito de lectura, o sea leer todos los días mínimo 15 minutos y hacerlo en un lugar distinto a la cama, en la mañana y bajo luz natural; estos tres elementos se convierten en los principales amigos de un correcto hábito de lectura. Si se hace en la cama, este lugar es muy cómo y tiende a relajar al lector y le crea otro hábito: dormirse por medio de la lectura; si se hace en la noche, la mente está agotada y esto daña la comprensión de lectura y se hace una lectura mecánica y si lo hacemos bajo luz artificial, el ojo se cansa rápidamente y genera un rechazo hacia el texto.


El segundo hábito se refiere a la utilización del diccionario. Quienes elaboran cartas o informes deben tener un diccionario al lado del computador. Allí encuentran todas las palabras aceptadas por la Academia, más de 95 mil.


Así como la ortografía es una exigencia más de la comunicación escrita, la revisión también lo es. Hacerla hace parte de una metodología para escribir y permite mejorar el texto antes de enviárselo al lector final. Si esto se hace en un periódico, donde supuestamente son expertos en redacción, por qué no hacerlo en cualquier oficio.


El tercer elemento para tener una buena ortografía es aprovechar la tecnología. Hoy los programas de textos traen correctores que ayudan a detectar muchos errores y también facilitan la corrección. Cuando se escribía a mano o a máquina, se perdía mucho tiempo al corregir, pues los errores hacían reescribir los textos. Hoy, los computadores permiten cambiar palabras, párrafos, enviarlo por la internet, grabarlo, copiar partes del texto y trasladarlas...


Los colegios deben modernizar la enseñanza de la ortografía y dejar de dictar tantas normas que confunden a los estudiantes. En vez de dar una clase de ortografía, deben dar a los niños un espacio para leer sobre lo que les gusta: Supermán, el Hombre Araña, los Crónicas de Narnia y Harry Potter, entre otros.


Un niño no será buen lector si sus padres no lo son. Los menores no solo aprenden matemáticas, historia y geografía, sino gran parte de los comportamientos de los padres. Si un niño ve a su padre leer constantemente, él verá este hábito como parte su vida. Recuerde: “hijo de tigre sale pintado”.













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